Decirlo bien rompe barreras
Centro de orientación universitario (Universidad Rafael Landívar)
La forma de decir las cosas puede cambiar el ánimo y disposición de quienes te escuchan.
Soñar que había perdido todos los dientes inquietó enormemente a un poderoso rey de antaño, quien al despertar de la pesadilla mandó a llamar de inmediato a uno de los sabios del condado, un hombre especialista en interpretar sueños.
A su llegada, el rey le relató detalladamente cada una de las escenas vividas durante el sueño. Luego de escucharlo con atención, el hombre dijo con voz angustiada: “ Qué desgracia mi señor!, cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad”.
“Insolente”, gritó el rey enfurecido. “ Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí”. Inmediatamente llamó a su guardia y le ordenó que le diera cien latigazos a ese sabio irreverente.
Más tarde ordenó que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Rey con atención, le dijo: “¡ Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes”.
Al escuchar aquel mensaje, el rostro del rey se iluminó con una gran sonrisa y, con voz agradecida, ordenó a sus súbditos que le dieran cien monedas de oro, al sabio honesto que le había pronosticado augurios.
Comunicar la verdad
Mientras el sabio salía del Palacio con los bolsillos llenos de oro, uno de los cortesanos le dijo admirado: “No es posible!, la interpretación que habéis hecho del sueño es la misma que el primer sabio hizo. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro”.
Al comentario el hombre respondió: “Recuerda bien amigo mío, que todo depende de la forma en el decir… uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse”.
De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma con que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.
La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.
