Jóvenes y política

De Yodas, jóvenes y política

Por: Karen Cancinos

Decía Víctor Hugo que en los ojos del joven arde la llama; en los del viejo, brilla la luz. Quien conozca al doctor Joseph Keckeissen, no podría menos que estar de acuerdo con el autor de Los miserables.

Menciono a mi Yoda particular, así le digo a Joe, porque tengo la impresión de que está muy extendida la idea de que podemos confiar en el futuro en vista de que conformamos un país joven. Se piensa en la juventud como una panacea. Pero hace unos días, alguien que todavía no llega a los 30 me dijo, literalmente: “estamos viendo qué componendas políticas armamos”, cuando me contaba de su nuevo trabajo de asesor de diputado.

No sé si reír o llorar cuando escucho gente con apenas un cuarto de siglo encima que dice, con la convicción del ignorante y con arrogancia bisoña, “así es la política”, cuando intenta justificar marrullerías. No es que la orfandad de preparación sea mala cosa, puesto que todos debemos aprender a todo, incluyendo a establecer qué líneas no estamos dispuestos a traspasar. Lo que sí es preocupante es la reticencia a emprender el arduo proceso de desembrutecerse, sobre todo si se pretende una carrera política, ya que las decisiones públicas, por definición, a todos afectan.

¿Tienen los partidos políticos alguna responsabilidad en esta situación? Pienso que sí, pues una de las dos funciones de cualquier partido que se respete, la que no es electoral, es la permanente, la cual implica, sobre todo, formación. Pero mi punto hoy no es ese, sino el siguiente: ser joven no significa automáticamente que se posean esperanza y anhelo de belleza y libertad. Sin embargo, si se potencia la mejor característica de la juventud, esa llama que a todos nos ha sido dada, pienso que sí es posible que el signo de esta sociedad cambie. Pero para eso hay que “hacer los deberes”, como dijo alguien que considero un Yoda de la política, el estadista español José Aznar, en su visita a Guatemala en 2005.

Así que, jóvenes, no permitan que su valor y su apego a principios sean motivos de escarnio. Tengan fe en su andamiaje ético: pregúntenles a sus Yodas si es cierto que la firmeza de carácter y el sentido de justicia pagan. Pregúntenles si esas largas horas leyendo reditúan y por qué. Me alegrará mucho saber las respuestas que les den.